Si hay algo en lo que todos o al menos la inmensa mayoría estamos de acuerdo es en que la clase política instalada en el poder y todo lo que la rodea es lo peor de este país, gente que sólo mira sus propios intereses, separados cada vez más de lo que es la sociedad real, de las necesidades e inquietudes de la gente de a pie. Eso que ahora se ha dado en llamar la casta se ha convertido en el mayor problema para los ciudadanos, pero aún así, aún siendo un cáncer para la sociedad todavía podemos encontrar algo casi peor que ellos, no se llama casta pero, siendo parecido, es algo que nos diferencia a los valencianistas del resto y es la caspa.
Con todo lo malo que tienen los políticos (casta) al lado de nuestro cáncer autóctono (caspa) parecen hasta hermanitas de la caridad, me explico.
Todos roban, todos manipulan, todos se sirven de su puesto para sacar tajada pero al menos la casta tiene una cosa buena y es que cuando uno de ellos pierde el favoritismo de su formación o sigue trabajando en silencio para su partido o hace mutis por el foro e intenta molestar lo menos posible, por ejemplo cuando Zapatero le ganó en las primarias del PSOE a Bono, éste se hizo a un lado y sin criticar siguió trabajando para los suyos.
Con la caspa es todo lo contrario, cuando alguno de los que han estado chupando de la teta se ve de pronto despojado del pezón lucha con todas sus fuerzas para que se seque y que de ahí si no chupa él, no chupe ni Dios. No saben reconocer que su tiempo ha pasado como pasan todas las cosas, no saben apartarse y dar oportunidades a los que intentan crear un nuevo proyecto, o están ellos por medio para seguir figurando o hay que hacer desaparecer el club.
Señores como Andreu, Llorente, Capapé, García Roig, Part, Granell y alguno más son el ejemplo de lo que digo, o el club lo manejan ellos o que se hunda. Son como el típico compañero de clase que todos hemos tenido al que no quería nadie en su equipo en el recreo, el que siempre se quedaba el ultimo al elegir jugadores y que cuando no se le escogía como un niño mimado, malcriado, egoísta y rencoroso que era, pinchaba el balón. O jugaba él o allí no jugaba nadie. Son iguales, o chupan ellos de la teta o la amputan, o se enriquecen ellos del club o que desparezca, o figuran ellos en la directiva para hacerse publicidad o mejor que descendamos para que no se hable del club.
Esa es la caspa.
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